Conversación sobre algo
  
 Fuente: http://argentina.koalatrends.com/gallery/5739.jpg
Escena.
Sala de un departamento/ Interior. DÃa.
Se ve a una pareja joven de unos 30 años de edad, él que está vestido con jeans azul y camiseta blanca y a ella con un pantalón de algodón suelto y un polo también blanco. Ambos están sentados en el sillón largo de cuatro cuerpos de una pequeña sala en la que se puede distinguir otro sillón más, de dos cuerpos formando ambas una L, delante de ellos una mesa de centro, tres libreros, dos grandes repletos de libros y uno mediano también lleno de éstos. Él usa gafas de montura delgada y está leyendo un libro que sostiene con la mano izquierda mientras que con la derecha acaricia los pies desnudos de ella, que esta semi echada, apoyada sobre su codo izquierdo, mientras con la otra revisa el periódico del dÃa. Él deja de leer, frunce un poco el ceño y voltea hacia la ventana amplia que cruza la sala hasta el comedor. Se puede ver desde allà (cuarto piso), pedazos de edificios, algunas casas en caÃda perpendicular. Alambiques cruzando los postes de luz donde descansan algunas palomas rechonchas y de colores. Luego se dirige hasta donde está su esposa que sigue leyendo entretenida, el cabello castaño de ella está someramente sostenido por un moño.
Él: ¿Tú me quieres?
Ella voltea y lo mira, luego se sienta.
Ella: Claro. Sà te quiero ¿Y tú?
Él (estira los labios en una tenue sonrisa): Yo también.
Ella: Y por qué a veces siento que no me soportas.
Él (sonrÃe): No es que no te soporte, sino que soy un tanto intolerante.
Ella:Yo también, a veces siento que hay dÃas en que tampoco te soporto.
Él deja el libro sobre el sillón al costado suyo, se frota las manos.
Él: Lo sé y te callas y respondes con monosÃlabos.
Ella: SÃ, es que de verdad, a veces tienes ciertas actitudes.
Él: A lo mejor vienen de crianza, como los tuyos.
Ella (arquea una ceja): ¿Los mÃos?
Él: SÃ, los tuyos.
Ella: ¿Y cúales son los mÃos?
Él se levanta y se dirige hasta uno de los libreros grandes, se distrae mirando los tÃtulos, luego voltea y mira a su esposa.
Él: Bueno tienes mal caracter.
Ella Y tú eres un desordenado.
Él: Renegona.
Ella: EngreÃdo.
Él: Convenida.
Ella: Oye, yo no soy convenida, sino me hubiese casado con alguien con dinero.
Risas de él y ella.
Él: No me referÃa a eso, tú lo sabes, sino que a lo mejor, siempre estás predispuesta a que te hagan favores.
Ella: Pero yo también los hago.
Él: Lo sé, eres buena persona, además yo también soy algo convenido.
Él camina devuelta hasta el sillón. Ella observa el libro que estaba leyendo su esposo. ‘Intimidad’ de Hanif Kureishi. Ella sonrÃe. Se levanta y camina hasta el librero chico, coge un cenicero y también una cajetilla de cigarrillo abierta.
Ella. ¿Tienes fósforos?
Él busca en sus bolsillos, lo encuentra y lo arroja suavemente hasta donde está ella.
Ella: Todos los somos.
Él: Sà pues. Todos al final buscamos lo que nos conviene.
Ella encoge los hombros, luego enciende el cigarrillo.
Ella: ¿Qué más?
Él: ¿Qué más? ¿Qué…?
Ella (fuma): No te hagas. Dime ¿qué otra cosas piensas acerca de mi?
Él: Que me gusta conversar contigo.
Ella: A mi también.
Él: Que haces lo posible para tolerarme.
Ella: Y tú también.
Él: Que eres positiva.
Ella: Bueno… Tú no.
Él: Es cierto, por eso te busco, porque tienes la dósis de locura correcta que pone en vera mis desatinos.
Él cruza la sala hasta el comedor, se detiene fente a la ventana, y se queda mirándo.
Ella: ¿S�
Él después de un breve silencio voltea y responde.
Él: SÃ.
Ella: Yo te busco, porque eres el compañero leal, que tiene la locura incorecta para desarmar mis reniegos.
Él: Estamos algo poéticos.
Ella: ¿Tú crees?
Él: Parece.
Ella: ¿Y qué más?
Él regresa hasta el sillón y se sienta. Ella lo sigue con el cenicero en la mano izquierda mientras con la otra sostiene el cigarrillo. También se sienta.
Él: No te gustan las rosas.
Ella: Las odio
Él: Tampoco los peluches.
Ella: Exacto.
Ella coloca el cenicero en la mesa de centro.
Él: Te gustan los discos, la ropa y los libros.
Ella (exhala): Y a ti te gustan los libros, los discos y a veces la ropa.
Él: Nos parecemos.
Ella (sonrÃe): Eso creo. ¿Será por eso que seguimos juntos?
Él: Y por amor, cariño, porque no se me ocurre otra forma de pasar mis dÃas.
Él estira el brazo izquierdo sobre el respaldar del sillón, mientras ella apaga el cigarro y recoge sus pies sobre el cojÃn del mismo, luego se acomoda sobre el pecho de su esposo, ambos quedan mirando hacia la ventana.
Él: ¿Y el sexo?
Ella: Todo bien.
Ella: Te quiero y te amo.
Él: Te quiero, te amo y viceversa.
Ella: Me gustó.
Él: Qué cosa.
Ella: El viceversa.
Él acaricia su cabello con la barbilla.
Él: Me gustas.
Ella: Me gustas y te deseo.
Él: ¿Hasta cuando?
Ella: No importa.
Él (sonrÃe): SÃ, tienes razón no importa.
Â
Música de fondo mientras la cámara se aleja poco a poco de ambos que miran el cielo percudido de Lima a las once de la mañana en invierno. Una paloma alza vuelo.
Tags: General, relatos de amor

Blog compatible con Dispositivos Móviles.
Comentaristas más activos