Ojos que no ven…
corazón que no siente, reza el dicho popular. Hasta dónde es cierto no lo sabemos, quizá en medio del sufrimiento quisiera la gente pensarse que ignorar algo le tendrÃa mejor cuenta, pero vamos viendo que nadie, quiere ser engañado en forma alguna.
Hablemos hoy del sufrimiento de la persona que se siente engañada…por su pareja? del amigo que se siente engañado en su amistad?…engañan los hijos a los padres…los hermanos a sus hermanos…en algún momento cualquiera engaña, voluntaria o involuntariamente, el engaño está en nuestra flaqueza humana, pero somos poseedores de la prerrogativa de decidir engañar o no.
Veamos…qué derecho tiene alguien de engañar a otro o faltar a la confianza depositada en él? creo que ninguna, por qué lo hace? no lo sabemos, dejemos el tema a los expertos.  Pero adentremonos en el hecho de que el que engaña lo hace sabedor de que está faltando a un compromiso, a un orden moral, a una regla de vida, que no vengan después, cobradas las consecuencias de sus actos, a disculparse diciendo que no sabian lo que hacÃan.
Hay que pensarse mucho el tema, personalmente pienso que la confianza se devuelve con confianza, ése ha sido mi lema y me ha funcionado. La confianza perdida no puede recuperarse o si? vamos viendo que cuando alguien es engañado, y luego va al descubierto de que ha sido burlada su confianza, su cariño, su amor…algo rompe la relación y los despojos en muy contadas ocasiones pueden reconstruir una relación sin confianza.
Eso! sin confianza no hay relación, que no vengan entonces los que dicen amar, permitirse engañar hay que pensárselo bien! que si se defrauda se corre el riesgo de arruinar algo que dándolo por sentado no se aprecia como debe. Porque deben estimarse las relaciones, valorar la convivencia mutua y si eso no es suficiente, otro dicho popular! no hagas lo que no te gustarÃa te hicieran, éso es suficiente para detener la malhadada idea de engañar a la pareja o al amigo.
La verdad siempre cae por su peso, entre el cielo y la tierra no hay nada oculto, les citarÃa cientos de refranes y dichos de que el que la hace la paga, el que obra mal se atiene a las consecuencias, que nadie sale ileso de una falta de honradez, asà que a pensárselo que la amistad y el amor se valoran! se estiman! que engañar ya supone un riesgo grande y a menos que nos importe poco una persona, mejor ni pensarse en el engaño porque el engaño merma la confianza, hiere y hace sufrir, y no herimos a quienes amamos, no vale lo de que ojos que no ven corazón que no siente, el corazón percibe, sospecha, confirma y cuando ve, puede ser un corazón destrozado y esos pedazitos no se pegan con gomita.
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…la peor ingratitud es la traición y no viceversa (al menos para mi).
Cuando te manipulan o engañan te matan parte del corazón, ni el mejor pegamento arreglarÃa ese precioso jarrón roto en mil añicos, nunca más será la misma pieza, por más empeño que pongas en reconstruirlo para que no se noten las “fisuras” y continuar contemplándolo como “el precioso jarrón de porcelana china” (que me costó “un huevo” conservar y que observaba fascinada por lo precioso y único “que era”).
El que engaña impone una dura prueba al que recibe el engaño porque le somete a un examen difÃcil de superar, es decir, intentar que “todo sea como antes”. A duras penas se consigue un “aprobado raspado” cuando no un “cero patatero” en ese examen.
La postura del avestruz me parece la más inteligente. Yo prefiero vivir en la ignorancia, no deseo saberlo todo ni adivinar pensamientos, hechos o intenciones. Necesito confiar, prefiero vivir siendo una crédula (o cretina?) que una avisada,desconfiada y, a la postre, amargada. Y no quiero jarrones rotos en mi vida.
Nadie merece el engaño pero todos, sin excepción, alguna vez fuimos vÃctimas. Y eso duele, y mucho.
Chapi, gracias por tus acertados pensamientos, por tus inteligentes planteamientos y por hacerme llegar tus palabras.
Un beso y 18000 palabrotas.